Llegamos al ecuador del Camino partiendo desde Cacabelos y con el reto de superar la prueba del día, el alto de O Cebreiro la puerta de entrada a la Galicia verde y mágica que tanto nos ha gustado y de la que no nos cansaremos nunca. Tierra de arraigo y costumbres ancestrales mezcla de magia, supersticiones y gente de gran hospitalidad donde te hacen sentirte como en casa si esfuerzo alguno.
Es sin duda el cambio del paisaje lo que más nos ha impactado, verde, todo verde y agua por todas partes...hasta caída del cielo.

Saliendo de cacabelos conectamos paralelos a la autopista durante unos 30 Km. pasando por Villafranca del bierzo...


hasta que llegamos a la falda de la montaña, donde se acabo el Yoplait y empezamos una dura ascensión con rampas de hasta el 25% de desnivel en una frenética y larga subida por carretera en la que el corazón te pedía que siguieras y la cabeza te pedía a gritos que desistiéramos...pero pudo más el corazón y llegamos conectando por un camino con mucha piedra hasta el alto de O Cebreiro donde coincidimos con unos amable peregrinos que plasmaron en una instantánea nuestros felices y exhaustos rostros.

Tras esta subidita y prometiendonoslas muy felices nos encontramos con otra subida de las duritas, El alto del Pollo, que más nos hubiera valido que fuese del Avestruz porque al menos así nos hubiera subido hasta arriba.

Me río de río Chico (subida en Madrid de la duras) ya que nos hizo poner pie a tierra en al menos dos ocasiones con su superpendiente y piedras que hacían imposible no perder la tracción de la rueda trasera.
Y cuando afrontábamos la bajada con esperanza de llegar pronto a comer algo en un restaurante, el cielo, Eolo y la madre de la mona Chita se pusieron de acuerdo para estropearnos el día y se lió la Mundial. Parecía la típica peli en la que la nube te persigue y solo te moja a ti, como a Jim Carrie. Llovía y llovía y para colmo el terreno no acompañaba con una mezcla de barro, riadas y boñiga de vaca.
Con los chubasqueros fuimos tirando hasta que el mio que era de papel de fumar se empeñó en fundirse con mi piel y empezó un calvario en el que la lluvia no cesaba, el frío y el agua se me metían en los huesos, las gafas estaban out y todo el barro-caca se nos pegaba a las piernas como esfoliante de 200 euros.
No veíamos nada, estábamos calados hasta los huesos y encima el hambre hacía insoportable pedalear... con sufrimiento y mucho frío conseguimos llegar al pueblo de Triacastela donde conseguimos comer y reponer fuerzas. Calado hasta los huesos se planteaba el dilema de encontrar una forma de secarnos esta ropa tan bien decorada...

y con algo de imaginación y manteles y servilletas dimos forma a una nueva línea de negocio textil deportivo(como bien diría Eliseo) que puede ser un bombazo la temporada que viene... la super camiseta térmica ecológica y biodegradable...

Así que después de disfrutar de unos macarrones, segundos varios y un queso fresco con miel que nos quito el hipo seguimos nuestro Camiño hasta llegar a Sarria, final de etapa y esta vez si por carretera con la lección bien aprendida, que no estábamos ya para criar más escamas.
84 km. por encima de las 3000 calorías y creo que los tres estaremos de acuerdo en que ha sido la jornada de Mtb más dura de nuestra vida.

Y cayeron otro par de rones....

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